La intensa actividad solar aceleró el descenso del Observatorio Swift, que permaneció 22 años en órbita y realizó importantes descubrimientos sobre explosiones y fenómenos del universo.
Un antiguo telescopio de la NASA se encuentra en sus últimos días en el espacio y se espera que reingrese a la atmósfera terrestre alrededor de este viernes, luego de que fracasara una misión de rescate destinada a prolongar su vida útil, según informó la Fuerza Espacial de Estados Unidos.
Se trata del Observatorio Swift, un telescopio espacial que durante 22 años se dedicó a estudiar algunos de los fenómenos más energéticos del universo, entre ellos explosiones de rayos gamma y supernovas.
De acuerdo con las autoridades, la mayor parte de la estructura se desintegrará al entrar en contacto con la atmósfera terrestre. Sin embargo, algunas piezas fabricadas con tungsteno, un material más denso que el plomo, así como fragmentos de sus espejos, podrían sobrevivir al reingreso.
Aunque se estima que cualquier fragmento que logre llegar a la superficie terminará probablemente en el océano, varias regiones del mundo, entre ellas África, Australia, India, el Sudeste Asiático, Centroamérica y Sudamérica, se encuentran dentro de la posible zona de reingreso. La Fuerza Espacial mantiene bajo vigilancia la trayectoria del telescopio.
El descenso acelerado de Swift fue provocado por la intensa actividad solar registrada durante los últimos años, que aumentó la resistencia atmosférica sobre el aparato y redujo su altura orbital más rápidamente de lo previsto.
Ante esta situación, la NASA contrató hace aproximadamente un año a la empresa Katalyst Space para desarrollar una operación de rescate. La compañía envió al espacio un robot de tres brazos denominado Link, lanzado en julio, con la misión de alcanzar y recuperar el telescopio.
Sin embargo, el dispositivo presentó dificultades durante la operación y nunca consiguió acercarse a menos de 12 o 15 kilómetros de Swift. Finalmente, el robot también terminó reingresando a la Tierra en septiembre.
A pesar del intento fallido, el Observatorio Swift continuó realizando observaciones científicas hasta que, a finales de octubre, descendió demasiado para operar con normalidad y sus sistemas fueron apagados.
Desde su lanzamiento, el 20 de noviembre de 2004, el telescopio logró detectar más de 2,000 estallidos de rayos gamma y alrededor de 1,400 estrellas en explosión, además de estudiar cometas, asteroides y agujeros negros.
Su principal capacidad era responder rápidamente a los fenómenos celestes, girando en cuestión de momentos hacia las regiones del universo donde se producían explosiones y otros acontecimientos de gran energía.
Los científicos consideran que Swift desempeñó un papel fundamental en la investigación espacial, al funcionar como un sistema de alerta para observatorios como el Hubble y el James Webb, cuyos instrumentos podían posteriormente realizar observaciones más detalladas.
Aunque su final representa una pérdida para la comunidad científica, los investigadores esperan que los conocimientos y descubrimientos obtenidos durante sus 22 años de funcionamiento contribuyan al desarrollo de futuras misiones espaciales y permitan ampliar la comprensión del universo.







