
Santo Domingo RD1
Cada cierto tiempo, República Dominicana vuelve a intentar una gran transformación educativa. Nuevas mesas de diálogo, consultas nacionales, comisiones especiales y promesas de reformas integrales reaparecen como si el problema del sistema fuera simplemente falta de discusión.
Pero después de décadas de reformas, diagnósticos y rediseños institucionales, conviene hacerse una pregunta incómoda:
¿Y si el verdadero error ha sido querer reformarlo todo al mismo tiempo?
La falsa promesa de las reformas integrales
En teoría, las reformas integrales suenan atractivas. Hablan de articulación, modernización, transformación sistémica y visión de futuro.
El problema aparece cuando se intenta intervenir simultáneamente todos los niveles, actores y estructuras de un sistema educativo que ya arrastra profundas debilidades acumuladas.
Porque la realidad es simple:
El nivel preuniversitario enfrenta problemas de aprendizaje, gestión y calidad docente;
El nivel superior lucha con pertinencia, investigación y desconexión productiva;
La formación técnico-profesional aún busca consolidar identidad, calidad y articulación con el mercado laboral.
Son problemas distintos.
Con causas distintas.
Y que requieren soluciones distintas.
Sin embargo, seguimos insistiendo en meter todo dentro de una misma gran reforma, como si la complejidad pudiera resolverse con amplitud administrativa.
Cuando todo entra en la misma olla
En República Dominicana tenemos una expresión muy clara para esto:
“hacer un tollo”.
Y eso es exactamente lo que ocurre cuando se mezclan demasiados problemas estructurales dentro de una sola narrativa de transformación.
Los sistemas complejos no mejoran porque se reorganicen en papeles o porque se sienten más actores alrededor de una mesa.
Mejoran cuando:
Se identifican prioridades claras,
Se interviene con precisión,
Se sostienen procesos técnicos durante años.
La ilusión de las consultas
Otro elemento que merece reflexión es el modelo de consultas que suele acompañar estas reformas.
En teoría, la participación es positiva y necesaria. Pero la experiencia reciente ha dejado dudas legítimas sobre la profundidad real de algunos procesos consultivos dentro del sistema educativo dominicano.
Con demasiada frecuencia, las consultas terminan convirtiéndose en ejercicios de validación política más que en espacios reales de construcción técnica.
Se escucha mucho.
Se documenta mucho.
Se anuncia mucho.
Pero pocas veces queda claro:
Qué recomendaciones fueron realmente incorporadas.
Cuáles fueron descartadas.
Bajo qué criterios se tomaron las decisiones finales.
Eso genera frustración, desgaste institucional y una creciente sensación de que muchas reformas llegan con el guion previamente escrito.
El problema no es falta de diagnósticos
República Dominicana probablemente no necesita otro gran diagnóstico educativo.
Los problemas son ampliamente conocidos:
Debilidad en comprensión lectora y matemáticas;
Desconexión entre educación y empleo;
Burocracia institucional;
Currículos sobrecargados;
Formación docente desigual;
Enormes brechas territoriales y sociales.
El verdadero problema no es identificar las fallas.
El verdadero problema es priorizarlas y abordarlas con profundidad.
No todo debe reformarse al mismo tiempo
Pretender transformar simultáneamente.
- Por: Felipe Ventura. ↩︎







