Barahona, RD. – En cada rincón del Suroeste —desde los caseríos polvorientos de Bahoruco hasta las montañas de Independencia, pasando por la costa barahonera y los campos de Pedernales— permanece viva la huella de Monseñor Rafael Leónidas Felipe Núñez, un pastor cuya obra se convirtió en parte de la identidad espiritual y comunitaria de toda la región.
Monseñor Felipe Núñez fue obispo de la diócesis de Barahona desde el 7 de diciembre de 1999 hasta el 23 de febrero de 2015, cuando el papa Francisco aceptó su renuncia por motivos de edad. Durante esos 16 años de servicio episcopal, trabajó incansablemente por las comunidades más vulnerables, impulsó la creación y fortalecimiento de capillas, animó misiones parroquiales y se hizo cercano a la gente, especialmente a los más pobres.
Su estilo pastoral, sencillo y cercano, dejó una marca imborrable en la vida religiosa y social del Suroeste. Para muchos feligreses, fue más que un obispo: fue un guía, un defensor de la dignidad humana y un promotor de valores comunitarios.
A una década de su retiro, su legado continúa siendo inspiración para creyentes, líderes comunitarios y sacerdotes que lo recuerdan como un obispo entregado, profundamente humano y comprometido con su misión.
