Castel Gandolfo, Italia. — A seis meses de su elección, el papa León XIV ha encontrado en Castel Gandolfo un refugio ideal para desconectarse de las exigencias de la Santa Sede. La histórica localidad romana, ubicada a las afueras de la capital italiana y asentada sobre el borde de un volcán extinto donde se encuentra el lago Albano, sirve como retiro semanal para el Pontífice.
En este enclave, que durante siglos funcionó como la residencia veraniega de los papas y que cuenta con un imponente palacio apostólico y varias villas, León XIV dedica parte de su tiempo libre a actividades que combinan relajación y ejercicio. Entre sus pasatiempos destacan nadar, jugar al tenis y sumergirse en la lectura, prácticas que, según su entorno cercano, le permiten equilibrar la intensidad de su agenda pastoral.
El Pontífice visitó Castel Gandolfo una vez más esta semana, apenas un día después de su primera audiencia general en la plaza de San Pedro, donde saludó a miles de fieles.
Con este ritmo de descanso semanal, León XIV sigue revitalizando un lugar emblemático del Vaticano, que había perdido protagonismo durante los últimos pontificados.
