Santo Domingo, RD. – Estefani Morla Coronado, madre de la niña de siete años que murió tras presuntos actos de tortura en el sector Los Guandules, declaró al Ministerio Público que solo mantenía contacto con su hija a través de videollamadas durante los primeros meses, luego de haberla entregado al cuidado de su tía, Yokeiry Coronado de la Cruz.
Según el expediente de solicitud de medida de coerción, la imputada viajó en abril desde la capital hasta Peralvillo, Monte Plata, para pedirle a la madre que le confiara a la menor con la promesa de brindarle una “mejor calidad de vida”. Inicialmente, Morla Coronado constataba por videollamadas que la niña se encontraba en buen estado; sin embargo, en los últimos meses la acusada alegaba de manera reiterada que la menor “estaba durmiendo”, lo que impidió a la madre verificar directamente la situación de su hija.
El abogado Wilson González, representante legal de la madre, explicó que su clienta desconocía los maltratos a los que era sometida la niña. Argumentó que la progenitora entregó a su hija a la imputada porque esta “no tenía hijos” y que la falta de visitas frecuentes obedecía a compromisos laborales.
Residentes de la calle Respaldo Eugenio Perdomo, donde vivía la menor, afirmaron a la prensa que conocían muy poco a la madre y que casi nunca la veían visitar la vivienda. En cambio, Yokeiry Coronado llevaba dos décadas residiendo en la zona y era reconocida en el sector.
Los vecinos relataron que la acusada mantenía música a alto volumen, lo que dificultaba escuchar lo que ocurría en la vivienda. Sin embargo, en varias ocasiones observaron señales de maltrato: la niña pedía agua con desesperación, mostraba un notable deterioro físico y se presentaba cubierta con abrigos y capuchas, incluso en días calurosos.
De acuerdo con el expediente, durante julio y agosto la imputada, junto a su pareja Jeider Montero Medina, sometió a la menor a actos de tortura y barbarie. El 16 de agosto, la niña fue hallada inconsciente y trasladada por el 9-1-1, pero la médico forense certificó su muerte por múltiples golpes, quemaduras y laceraciones, diagnosticando síndrome del niño maltratado.
La Fiscalía del Distrito Nacional imputó a Yokeiry Coronado, de 33 años, y a su pareja Jeider Montero, de 36, por homicidio, tortura, barbarie y maltrato infantil. El órgano acusador solicitó prisión preventiva como medida de coerción.
La Oficina de Atención Permanente conocerá este miércoles la audiencia donde se decidirá si se acoge la petición del Ministerio Público.







